Vidal, Tejedor, la grieta y nosotros

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Por CAROLA URDANGARIN

Vidal visitó ayer mi pueblo (qué posesivo suena). Vidal visitó Tejedor, el pueblo en el que nací y viví durante 17 años (ahí va). Y -como verán a diario- los posteos de Facebook, llovieron. Y yo, que tengo una manía con analizar la pasión, el amor y la indignación de los vecinos facebookeros, me leí todos los comentarios que tuve al alcance.

Desde “qué orgullo tenerla en nuestra tierra”, hasta “ojalá pase algo que te borre de pronto”. Blanco, negro y algún que otro gris: “¿Por qué no va a La Emilia? Caradura. Porque la sacan a patadas, ahí había que ir a trabajar y los que fueron son los de La Cámpora”; “Por favor Sra. Vidal vaya a Villegas, a Piedritas, a Bunge, y vea la necesidad de los pueblos inundados, ayudemos que usted está para trabajar para el soberano y para eso se le paga”; “María, si devuelven todo lo que se robaron Argentina será líder en educación, hospitales, rutas y cuántas cosas más. Ponete a pensar, todos los días hay un mafioso nuevo al que se le destapa la olla. Te saludo atte., perdón si ofendo”. (REESCRITOS)

Había tantísimos más. Pero me quedé con estos porque, junto con el reclamo de las paritarias docentes, son los más destacados.

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Yo digo siempre –cuando de política hablamos- que todos tenemos un poquito de razón. Todos.

Que me da orgullo que una gobernadora visite el pueblo, sí (no va a mejorar o empeorar su gestión por hacerlo). Sólo pensar que “pase algo que la borre de pronto” me da asco, miedo: no podemos pedir así, a tontas y a locas, que la Gobernadora se muera (el último que la amenazó de muerte –Carlos Darío Lares- será elevado a Juicio Oral por pedido del Fiscal Federal N°2 de Morón, Carlos Hernán García).

Con los grises concuerdo bastante más. Imagino lo que debe haber vivido la gente de La Emilia –y otras ciudades- en las inundaciones, y que la casualidad de que la Gobernadora estuviera de vacaciones con sus hijos les haya dolido; aunque también pienso que Vidal no hubiese podido hacer demasiado con su presencia (no es que la Pcia. quedó acéfala cuando se fue y toda su estructura gubernamental no actuó).

Sostengo en mis redes sociales (Twitter sobre todo) casi a diario que hablar de la “pesada herencia” ya no es opción. Cansa, aburre, indigna y no soluciona. Pero también aprendí, sobre todo este último año –en algunas materias y en la vida-, que ningún hecho político puede analizarse dejando de lado el contexto. No podemos olvidar que Macri ganó porque medio país se había agobiado de un sistema político que, con errores y aciertos, empezaba a verse más bien como una matriz de corrupción bastante bien planíficada. Tampoco podemos negar que la crisis socio-económica-cultural de los 90 (agravada con el trágico final del 2001) hizo que un señor de mangas arremangadas que saludaba con un beso a cada persona que veía en sus viajes de campaña, y que venía del interior –y no en una Ferrari-, nos atrajo por parecer (ser) el absoluto antagonismo a la política de los años anteriores.

Y en ese sentido, tendríamos que analizar –y juzgar- al Gobierno de Vidal conociendo el contexto. Suena poco resolutivo pero necesario repetir que los fondos que la Pcia. recibe del Gobierno Nacional siempre han sido menores a los que las otras provincias reciben, aun siendo la que más aporta en producción; además de que se han desviado sistemáticamente durante muchos años no sabemos a dónde ni por culpa de quién (y será la labor de la Justicia respondernos), y no se han visto reflejados en obras que cambien la vida de los bonaerenses. Y aunque pienso que no es una excusa aplicable a todos los casos en los que la nueva administración se equivoca, creo que estamos pidiendo a un Gobierno que haga en un año y dos meses lo que otro no hizo en ocho años.

De todos modos analizar el contexto no nos permitiría afirmar tan livianamente que “si devuelven todo lo robado seríamos líderes” en todo. El problema está en que algunos todavía no pueden despegarse de la mugrienta grieta que en algún momento nos hizo pensar que con la salida del kirchnerismo –y su corrupción- cualquier Gobierno entrante sería la transparencia personificada (ya vemos que no) y, de su mano, vendría la eficiencia. Eso es simplificar algo mucho más profundo. Es buscar mesías en un sistema que, por completo, repite en la actualidad las manchas de un pasado que sólo acumula cagadas.

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